La inflación se comió la ventaja cambiaria y enciende señales de alerta sobre el dólar

El economista Martín Polo advierte que la apreciación real del peso ya borró la mejora competitiva tras la devaluación. La dinámica inflacionaria y el contexto global ponen en duda la sostenibilidad de la estrategia cambiaria.

La evolución reciente del tipo de cambio en Argentina empieza a mostrar tensiones que van más allá de la nominalidad del dólar. Según planteó el economista Martín Polo, de Cohen Inversiones, el problema central es que la inflación terminó erosionando rápidamente la ventaja cambiaria lograda tras la devaluación, en un contexto donde además persisten dudas sobre la consistencia del esquema macroeconómico.

“Cuando uno quiere ver el tipo de cambio real, digamos, clásico que vemos solamente contra Estados Unidos, vemos que, para decirlo de una manera, la inflación en Argentina se comió toda la suba del tipo de cambio”, afirmó Polo durante una presentación ante clientes e inversores en la que participó Perfil Córdoba. La frase sintetiza uno de los principales dilemas actuales: la apreciación cambiaria ya no es solo una discusión técnica, sino una señal de alerta sobre la competitividad.

Los números acompañan ese diagnóstico. El tipo de cambio real acumula una caída del 10% en lo que va del año, mientras que, en la comparación interanual, el avance es marginal. Incluso, medido contra Estados Unidos, ya se ubica por debajo de los niveles de un año atrás. Para Polo, esta dinámica debe leerse como una advertencia: “Es una señal, no sé si de alerta, si de preocupación, sobre todo por la dinámica que va teniendo”.

El analista agrega un factor adicional de riesgo: el contexto internacional. “Si nos vuelve a pasar otro periodo de inestabilidad global con el dólar fortaleciéndose, como pasó en marzo, obviamente esta mejora que tuvimos en este último mes vuelve para atrás y es probable que podamos volver a los niveles de previa salida del cepo para personas físicas”, explicó. En otras palabras, la fragilidad del esquema cambiario no depende solo de variables locales, sino también de shocks externos.

Detrás de esta apreciación aparece un protagonista claro: la inflación. Polo fue enfático en remarcar que la dinámica inflacionaria no solo sigue siendo elevada, sino que además muestra señales de persistencia. “Nosotros estamos un poquito más preocupados de lo que parece el consenso en cuanto a la dinámica inflacionaria”, sostuvo, marcando distancia con visiones más optimistas del mercado.

En ese sentido, advirtió que el proceso de desinflación podría ser más lento de lo previsto: “Creemos que este proceso de desinflación va a ser lento, obviamente a medida que es cada vez más lento nos empieza a jugar sobre las expectativas, la inercia aumenta y bueno, todo ese proceso de desinflación puede demorarse”. Esta inercia, justamente, es la que termina impactando sobre el tipo de cambio real y licuando cualquier ganancia de competitividad.

El esquema cambiario actual, con un dólar relativamente estable, también se explica por la dinámica del Banco Central. La autoridad monetaria viene comprando divisas de manera sostenida, aprovechando el ingreso de dólares del agro y de financiamiento externo. “Mientras tengamos un superávit comercial elevado y sigan ingresando dólares por préstamos, el Banco Central lo va a aprovechar para seguir comprando dólares”, explicó Polo.

Sin embargo, esa acumulación tiene límites. Por un lado, existe una salida estructural de divisas vinculada a servicios y dolarización de carteras. “Tenemos que absorber una salida neta de capitales por mes más o menos de US$2000 millones entre servicios y dolarización de cartera”, detalló. Por otro lado, las reservas netas crecen a un ritmo mucho más lento que las compras, debido a los pagos de deuda.

El resultado es un equilibrio frágil: un tipo de cambio contenido, sostenido por ingresos estacionales y financieros, pero con una inflación que erosiona competitividad y expectativas. En ese marco, la estrategia cambiaria enfrenta un desafío clave: evitar que el atraso relativo del dólar se convierta en un nuevo foco de inestabilidad.

La advertencia de Polo es clara. Sin una desaceleración más contundente de la inflación y sin un contexto internacional favorable, la actual calma cambiaria podría ser transitoria. Y, como ya ocurrió en otras etapas de la economía argentina, el atraso del tipo de cambio puede convertirse rápidamente en un problema mayor.

fuente: Perfil

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