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viernes, agosto 19, 2022

Alberto Fernández, jefe de un gobierno signado por la deuda y el coronavirus

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Comenzó su gestión con la recesión de la economía como el principal problema del país. Abrió una agenda con el aborto, el pacto social y la reforma judicial como ejes. Ahora el coronavirus lo obliga a recalcular su plan de gestión y sus proyecciones.

El presidente Alberto Fernández cumple hoy 100 días de gobierno, un período signado por la renegociación de la deuda con el FMI, en primer término, y por la crisis derivada de la pandemia de coronavirus, lo que alteró la agenda y motivó la puesta en marcha de un nuevo paquete de medidas.

El mandatario sigue sin presentar su plan económico, aunque ayer por la tarde el Gobierno informó que hoy el ministro Martín Guzmán lo presentará a través de una teleconferencia. La exposición del funcionario se centrará sobre “el desarrollo macroeconómico de la Argentina y la deuda”.

En estos pocos más de tres meses de gobierno y antes de que el coronavirus fuera declarado una pandemia, el presidente había abierto varios frentes sobre los que aparentemente buscaba encarrilar su gobierno: la reforma judicial, la legalización del aborto y un pacto social que sirviera para articular diferencias, por un lado, y contener la conflictividad social, por el otro.

En este tiempo hizo avances con estas ideas. Más allá de la reunión más bien amigable que el 31 de enero Alberto Fernández tuvo con el papa Francisco, tres semanas después envió al Congreso el proyecto para legalizar la interrupción del embarazo y el “Plan de los 1.000 días”. La movida abrió una polémica que ahora está callada solo por la urgencia de la pandemia.

Algo similar pasó con la reforma judicial, que llegó canalizada por una modificación de las denominadas “jubilaciones de privilegio” de magistrados y del servicio diplomático. Antes de que este proyecto fuera sancionado por el Congreso, decenas de jueces que seguían trabajando a pesar de tener edad para retirarse presentaron su renuncia para recibir el beneficio jubilatorio sin el recorte de la nueva ley. Estiman los que conocen el Poder Judicial que podrían llegar a ser 200 los magistrados que se jubilen, un “barrido” que le ofrece la posibilidad de cambiar el sistema casi a discreción.

En este tiempo Fernández hizo avances con empresarios y gremios para lograr el pacto social, pero ahora todo quedó supeditado a la pandemia.

En el arranque de su gestión Fernández dijo tener un plan económico para sacar de la recesión a la Argentina, pero cualquier proyección debe ser recalculada bajo la sombra de lo que dejará el virus. En Casa de Gobierno hay funcionarios que ven a esta crisis sanitaria global como una oportunidad para la renegociación con el FMI y con los bonistas en virtud de que la economía del mundo se verá afectada por la enfermedad que surgió en China, se esparció a Europa y luego al resto del mundo.

La abultada deuda externa es el gran desafío de Fernández. Lo era antes de que asuma se potenció en estos 100 días y a futuro resultará esencial para el país en general y, en particular, para el proyecto político de este presidente al que le gusta mostrarse como un hombre común, como si lo fuera.

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