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sábado, noviembre 27, 2021

Cómo es el barrio donde está el hospital que alojará a los pacientes con coronavirus

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Vecinos se oponen a que el Papa Francisco se acentro de referencia en la pandemia.

Desde que se supo que el Gobierno designó al hospital Papa Francisco y a la escuela N§ 4.811 del barrio Solidaridad como centros de referencia para el tratamiento de pacientes con coronavirus, los vecinos de la zona sudeste hicieron vigilia en las puertas del nosocomio para manifestarse en contra. Las familias temen al contagio. Alertan que, por estar en una zona vulnerable, no cuentan con los medios para hacer frente a las consecuencias de poner a disponibilidad sus edificios públicos y que en sus casas tienen pocas posibilidades de aislar a alguien que se enferme.

Profesionales de la salud que pidieron guardar reserva de sus nombres también se opusieron a la designación del hospital Papa Francisco por “no tener el equipo profesional idóneo ni el equipamiento necesario”. Señalaron en cambio, que el hospital Del Milagro sería el indicado por tener la especialidad en enfermedades infecciosas, un equipo de expertos y el laboratorio para las pruebas.

“Queremos el hospital”, “yo me tiro al piso para que no pase la ambulancia”, decían los vecinos de Solidaridad, Primera Junta, y Justicia que amanecieron ayer frente al hospital. “Yo me prendo fuego”, subió la apuesta Susana Cruz a los llantos.

La gente coordinaba ayer por la mañana en la puertas del hospital cómo seguir con las acciones. Las conversaciones fueron interrumpidas. “Ya llegó el abogado”, informó uno de los vecinos, haciendo referencia al primer infectado con coronavirus y Susana volvió al llanto: “Estamos peleando por nuestra salud. No somos negros como nos dicen, una hija mía estudió para doctora”.

En la zona sudeste se encuentra ubicado el vertedero San Javier, donde se investiga si se está contaminando el ambiente. Según constató este medio en otras oportunidades, muchos niños tienen erupciones en la piel y el cuero cabelludo. A raíz de este tema, un informe de agentes sanitarios de la zona indicó que las consultas por enfermedades infecciosas son crónicas.

“Todos intentamos salir de aquí”, lamentó Susana, que trabaja en las ferias americanas que dejaron de funcionar.

Mariana Tejerina se hizo un recreo de la protesta y volvió a su casa a ver a sus seis hijos, el menor tiene siete días. Se gana la vida como recolectora en el vertedero San Javier, aunque hace algunos días dejó de ir porque suspendieron sus actividades por un mes. El olor nauseabundo que rodea su casa indica que su lugar de trabajo queda cerca.

Tiene 27 años y, además de sus hijos, tiene a su cargo a su madre, que es hipertensa, y a una sobrina de la que pelea la tutela. Su padre está preso y su madre la abandonó cuando tenía 4 meses. El mayor de sus hijos tiene 10 años y sufre epilepsia.

“Cuando convulsiona corro al hospital para que inmediatamente le pongan oxígeno. Si se me enferma ahora no sé como haré porque ya no podré llevarlo ahí. Además no hay colectivos… Se puede morir”, lamentó. También le preocupa cómo resolverá alguna urgencia con su madre. “Es hipertensa, una vez casi se me muere llevándola a la salita”, recordó.

Mariana este mes gastó la Asignación Universal por Hijo en útiles y planea ir hoy al supermercado con la Tarjeta Alimentar. Asegura que no le alcanza y que su padre los fines de semana le envía dinero. “Pero sin colectivos no podremos ir a buscar esa plata y él tampoco podrá venir a traerla”, aseguró ante la mirada atenta de sus hijos. Los niños corren por la casa, no pueden hacer la tarea que envía su maestra a través de WhatsApp porque su madre no tiene teléfono.

En los últimos días se supo que en la zona sudeste las consignas policiales por denuncias de violencia de género eran numerosas. Natalia Altamirano, de la Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario “Encendiendo la Chispa”, contó por Radio Nacional que en el barrio Finca Valdivia se registraron denuncias por intentos de violación. “En una cuadra había siete consignas policiales por violencia de género” , alertó.

Elena Serón Galarza se abre paso entre los vecinos para hablar con “la prensa”. Quería contar que fue al cajero y no había dinero. Asegura que tiene una denuncia por violencia de género. “Corro peligro, mi exmarido está cerca de casa”, advirtió. Cuatro hijos la esperan en casa: “No hay colectivos, no puedo irme a otro cajero, no tengo moto ni bici. No sé qué les voy a dar de comer”, se lamentó.

El consejo principal para evitar la propagación del virus es quedarse en casa. “Yo corto pasto, si no trabajo no como. Todos los políticos nos cag …”, se quebró Walter Burgos que trabajó en diferentes campañas pero ahora lamenta “haberlos ayudado”. “Me llamó Darío Madile (presidente del Concejo Deliberante). Me dijo que nos exponíamos, pero yo le dije que no tenemos para comprar mercadería para varios días”, relató.

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