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martes, noviembre 30, 2021

De la solidez de Alfaro a la mano audaz de Russo

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Boca tuvo dos etapas en la Superliga. Con Alfaro recibió ocho goles en 23 partidos. Con el arribo del DT campeón, el xeneize acumuló nueve partidos sin derrotas.

L a temporada del Boca campeón de la Superliga tuvo dos etapas bien diferenciadas, una primera signada por la solidez defensiva que le imprimió el entrenador Gustavo Alfaro y una segunda, con un planteo más audaz, de la mano de su sucesor, Miguel Ángel Russo.
Lo primero se vio reflejado en los pocos goles que recibió Boca, sólo ocho en 23 partidos, y lo segundo en el sprint final logrado por Russo, con seis victorias al hilo y anotando 16 goles, algo que permitió arrebatarle el título a River en un final infartante.
Lechuga había arreglado su llegada en diciembre de 2018, un momento muy duro para el elenco xeneize, que había perdido la final de la Copa Libertadores frente a River, conducido todavía por Guillermo Barros Schelotto.
Debido a eso, los objetivos de Alfaro eran levantar a un equipo caído desde lo anímico y volver a apuntar a la Copa Libertadores, por lo que el torneo local, logrado por el Mellizo parecía algo secundario.
En la primera Superliga que jugó, la 2018-2019, terminó tercero con 51 puntos, a seis del campeón Racing, pero se disputaba en paralelo con la Libertadores, objetivo primordial.
Fiel a su estilo, Alfaro armó el equipo de atrás para adelante, consolidó a Esteban Andrada en el arco, trajo a Lisandro López, para reforzar la defensa y pidió a un volante central que ya conocía, Iván Marcone.
De la mano de Alfaro, Boca comenzó la Superliga con el pie derecho, acumuló nueve partidos sin derrotas, juegos en los que recibió sólo un gol.
Si bien el equipo ganaba, no le sobraba nada y en muchos partidos se mostraba demasiado cauteloso, aunque los cuestionamientos no eran tantos debido a los buenos resultados.
Estos le permitieron ser puntero, mientras en paralelo avanzaba en la Copa Libertadores, donde mostró buenos rendimientos de visitante.
El punto de quiebre llegó en octubre: el martes 1 Boca perdió la ida de semifinales de la Libertadores frente a River, por 2 a 0 en el Monumental, un resultado que resultó ser corto por lo que fue el trámite, muy favorable al equipo de Marcelo Gallardo.
El planteo dispuesto por Alfaro generó fuertes críticas, el equipo se resintió y eso se sintió también en la Superliga: el viernes 18 Racing le arrebató el invicto al ganar 1 a 0 en la Bombonera a solo cuatro días de la revancha con River.
En la vuelta del superclásico copero, el xeneize dejó una mejor imagen y ganó 1 a 0, pero no le alcanzó, fue eliminado nuevamente por su histórico rival.
Una nueva derrota en el certamen doméstico, como visitante de Lanús (1-2), le impidió a los de Alfaro volver a la punta, que a esa altura estaba en manos de Argentinos.
El último tramo del año fue muy sufrido para Boca y para Lechuga, ya que a los golpes deportivos se sumaba un clima político caliente ante las inminentes elecciones.
Quedaba ya como única esperanza terminar el año puntero otra vez, pero no pudo con el Bicho de local -empató 1 a 1- y cayó con Rosario Central en el último partido del año (0-1).
La derrota del oficialismo en las elecciones terminó de confirmar la salida de Alfaro, la nueva dirigencia eligió a Russo y éste rápidamente metió mano en el equipo.
Le dio continuidad a la defensa de Alfaro, salvo en el lateral izquierdo, donde optó por el relegado Frank Fabra por sobre Emanuel Mas, borró a Marcone y dispuso que el colombiano Campuzano juegue como único volante central.
En cuanto a Carlos Tevez, Russo se diferenció de Alfaro, que decía que el Apache era su bandera, pero no le terminaba de confirmar la titularidad.

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