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lunes, octubre 18, 2021

El impacto de la histórica zambullida de Eric Moussambani

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Hace 20 años, la aparición de Eric Moussambani en los Juegos Olímpicos de Sydney provocó un impacto sin precedentes: el nadador de Guinea Ecuatorial completó las eliminatorias de los 100 metros en 1m52s72, a más de un minuto del tiempo del oro olímpico, el holandés Pieter van der Hoogeband. Su imagen, nadando en soledad, levantó los aplausos unánimes del público y tuvo una repercusión mundial espectacular que cambió su vida y los hábitos deportivos del país centroafricano.

“Me enorgullece mucho todo lo que ha pasado desde entonces“, dice Moussambani, quien ahora tiene 42 años, en una conversación telefónica con la agencia EFE desde Malabo, donde está confinado. “Mi aparición en los Juegos Olímpicos sirvió para que se conociera más a mi país y me convertí en una figura del deporte, tanto allí como en los países de alrededor. Soy una especie de embajador de la natación en esta región”, comenta con orgullo.

Desde 2012, Moussambani es el seleccionador de natación de Guinea Ecuatorial. “A los Juegos Olímpicos de Tokio teníamos planeado llevar dos chicos y dos chicas en la prueba de los 50 metros. El aplazamiento nos puede dar algo de ventaja para que ellos tengan tiempo de prepararse más a fondo”, explica. “Además, cuentan con buenos entrenadores”. Estos cuatro nadadores, y las decenas que tiene ahora la selección tanto en categoría senior como en la categorías base, tienen la posibilidad de entrenarse en una piscina olímpica.

En cambio, Moussambani se zambulló por primera vez en su vida a una de ese estilo al lanzarse al agua en la prueba de los 100 metros en Sydney, cuando también aprendió a hacer el giro a mitad del recorrido. Fue gracias a la ayuda del seleccionador sudafricano, el mismo que le regaló la malla de competición azul con la que se presentó en la prueba.

Cuatro meses antes, ni siquiera sabía nadar. Y si se clasificó para los Juegos fue porque nadie más se presentó a las pruebas de selección para representar a Guinea Ecuatorial en la natación. Durante el tiempo que quedaba para la cita olímpica se entrenó principlamente a las cinco de la madrugada, en una pileta de un hotel de Malabo que tenía poco más de 10 metros de largo, antes de que los clientes se despertaran.

Eso mismo le explicó al dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, aún en el poder hoy en día, cuando le preguntó cómo lo había hecho para prepararse, después de regresear de la experiencia en Sydney. Poco tiempo después, se construyeron las dos primeras piscinas olímpicas del país: una en Malabo, la capital, y otra en Bata.

“Desde entonces, la afición a la natación creció mucho en Guinea Ecuatorial. Tenemos niños y niñas nadando en las categorías base, algo impensable cuando yo empecé. Y como es un deporte completo y saludable, mucha gente lo practica por afición”, relató el extravangente nadador. Ahora las piscinas del país, tanto las olímpicas como las que no, suelen estar llenas. Antes de la aparición de Moussambani la gente acostumbraba a bañarse en el mar y en los ríos.

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Y 20 años después Moussambani sigue con ganas de hacer crecer la natación y los deportes de agua en su país. “Creé una selección de waterpolo, pero todavía no tenemos muchos adeptos a este deporte. Debemos prepararnos mucho. Conozco a tres guineanos que juegan a waterpolo en España y ellos podrían formar parte de nuestra selección y hacer subir el nivel”, propone.

Lo que parece más viable a medio plazo es organizar competiciones anuales de aguas abiertas en Malabo. Eso, siempre que la pandemia del coronavirus lo permita, más allá de que las cifras oficiales dicen que en Guinea Ecuatorial hay 258 infectados y un sólo muerto. “En un futuro queremos tener representación en esta disciplina en los Juegos Olímpicos”, sentencia Moussambani, optimista y luchador por naturaleza. Su otro propósito es poder ser miembro de la Federación Internacional de Natación (FINA) para ayudar a prosperar al continente africano en los deportes de agua. Mientras tanto, compagina su cargo como seleccionador nacional con su trabajo como ingeniero informático en una empresa que se dedica a exportar gas licuado.

Moussambani ya hace tiempo que no compite, pero mientras lo hacía consiguió rebajar su marca de los 100 metros en casi un minuto respecto a su aquella histórica presentación en los Juegos. Y pudo bajar el minuto, hasta clavar el cronómetro en 56 segundos y 88 centésimas. “Es una pena que no haya podido competir en otros Juegos Olímpicos”, lamenta. A pesar de haberlo logrado antes de los de Atenas 2004, extraños obstáculos administrativos le impidieron participar en esos Juegos. 

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