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jueves, diciembre 8, 2022

Las comunidades del Pilcomayo veneran a Javier “Chino” Saavedra

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Su trabajo social en las distintas comunidades y etnias originarias es visible. Criollos y originarios de distintos parajes lo apoyan desde aquellas soledades.

Las soledades encerradas en Santa Victoria Este, departamento Rivadavia, esconden también en sus inmensos paisajes de pobreza absoluta luces humanas que brillan, casi siempre en los oscuros momentos de necesidad extrema.

El municipio está rodeado de comunidades de diversas etnias de pueblos originarios, acorralados en pequeños territorios o comunidades, todos ellos ligados al río Pilcomayo.

Chorotes, chulupíes, tobas y wichis comparten ese hábitat, sobrado de necesidades y oscurecido horizonte.

Allí los aglutina su cultura milenaria. Los unen sus diversos dialectos -intactos aún- y su resistencia estoica a ser exterminados. El Tribuno dialogó con varios de sus referentes sociales, muchos de ellos ligados al deporte, a la recreación y a la inclusión de los jóvenes a la vida cotidiana en los pueblos.

En un lugar poblado de cartelería que reza que el “chineo” es un delito, la juventud originaria deambula sin rumbo hasta casi el amanecer, aturdida por las drogas y el alcohol.

Ese deambular sin rumbo contrasta con la música religiosa y las alabanzas que se escuchan amplificadas a kilómetros, música que los pastores encienden en horas de la noche para evitar el éxodo de la juventud hacia los puntos de reunión de los chicos, donde el alcohol, el sexo y las drogas lo es todo.

Sí, nada es exagerado en esa materia.

Sin embargo, en el Club Social y Deportivo Santa Victoria, en las mañanas se respira otro aire. El lugar destila fútbol de todas las edades, inclusivo para todas las etnias, los criollos y también las mujeres.

Al hablar con los profesores y entrenadores El Tribuno pudo corroborar que desde el 2018 los cambios en el trabajo de contención de la juventud fueron de fondo. Los consultados expresaron su solidaridad con Javier “Chino” Saavedra, a quien apuntan como el impulsor de una estrategia de inclusión social pocas veces vista en el Chaco salteño y que llevó a que los medios nacionales se hicieran eco de los logros de las comunidades y se visibilizaran como habitantes de nuestra Nación. Hablar de la labor del joven acusado de homicidio en contra de Jimena Salas sería interminable, pues comienza en una orden religiosa y el día de su detención lo encontró en la cima de los hombres más reconocidos por las distintas comunidades, de etnias diferentes. La construcción de su poder y los logros sociales en Santa Victoria Este contrastan con los cargos que se le imputan. Javier es cordero en Victoria y lobo en esta capital: y ese es el misterio.

Para generar futuro, la educación no alcanza

Al terminar la escuela la juventud queda libre, sin objetivos a la vista.

Los testimonios recogidos por nuestro medio respecto a Javier “Chino” Saavedra son con relación a su trabajo social entre las muchas comunidades originarias de Santa Victoria Este. Los referentes mostraron que las metas que se propusieron con los distintos proyectos de incluir a los originarios en la vida de la sociedad se fueron logrando a pasos agigantados.

Mario Torres, maestro rural de la comunidad San Luis, pegada al río Pilcomayo, expresó que el deporte les dio a por lo menos 150 niños tener un día a día diferente a lo que estaban acostumbrados.  “Cuando un niño egresa de la escuela primaria en un adolescente ‘libre’ que no tiene oportunidad alguna en Santa Victoria Este, no tiene quién vele por él, está a la buena de Dios. El deporte les hace tener un sueño, el sueño que tuve yo de chico, jugar y triunfar, y marcar el camino del sí se puede”.

“La educación no alcanza si no tiene continuidad y aquí los chicos no ven futuro. Por eso cuando Javier me habló del proyecto de la escuelita de fútbol, acepté”.

fuenbte: El Tribuno

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