“Perder una elección no es motivo de asilo”: el debate que abrió Flávio Bolsonaro en Washington

El derrotado aterrizó en Florida con visas otorgadas por el gobierno de Trump. La noticia cayó en la última semana de campaña de las elecciones de medio término, y en Washington se discute tanto lo que pasó en Brasil como el espejo que devuelve.

El derrotado aterrizó en Florida con visas otorgadas por el gobierno de Trump . La noticia cayó en la última semana de campaña de las elecciones de medio término , y en Washington se discute tanto lo que pasó en Brasil como el espejo que devuelve.

Donald Trump, en la previa de las elecciones de medio término del 3 de noviembre
Donald Trump, en la previa de las elecciones de medio término del 3 de noviembre | Crédito: AFP

Una escolta de paraguas. Esa fue la primera imagen de Flávio Bolsonaro en suelo estadounidense. El miércoles, hacia las 9:30, un Gulfstream procedente de Guayaquil aterrizó en el aeropuerto ejecutivo de Opa-locka , en las afueras de Miami, con el senador, su esposa Fernanda y sus dos hijas a bordo. Agentes uniformados acompañaron a la familia hasta un vehículo y la cubrieron para que las cámaras no la registraran.

Tres días antes, Flávio había perdido el balotaje contra Lula por más de 4,4 millones de votos . El lunes, la Policía Federal le notificó la orden del juez del Supremo Alexandre de Moraes de entregar sus pasaportes, en una causa por lavado de dinero . Lo que siguieron fueron casi dos días sin rastro. Su coordinador de campaña, Rogério Marinho, admitió que no tenía noticias de su desfile: sólo un mensaje de texto en el que Flávio le decía que quería tomarse un descanso.

En los titulares de AP , el Washington Post , ABC y NPR , el verbo elegido fue uno solo: huir .

Flavio Bolsonaro baja de un avión en Miami
Flavio Bolsonaro baja de un avión en Miami | Crédito: AFP
Flavio Bolsonaro baja de un avión en Miami
El avión privado de Baires Fly que trasladó a Flávio Bolsonaro y su familia | Crédito: AFP

Para el lector argentino, la historia tiene un capítulo propio: el cruce por el puente Tancredo Neves hacia Puerto Iguazú el martes a las 22:50 y el vuelo chárter que la familia abordó 40 minutos más tarde. Vista desde Estados Unidos, en cambio, la pregunta es otra. Vista desde Estados Unidos, en cambio, la pregunta es otra: no cómo salió de Brasil, sino quién lo dejó entrar.

Una visa con nombre y apellido

Antes de que el avión tocara tierra, un alto funcionario del Departamento de Estado ya había confirmado que el gobierno emitiría visas para Bolsonaro y su familia. La administración seguía de cerca los aviones del senador y esperaba que intentara viajar a Estados Unidos. Brasilia , además, había anunciado a Washington que no lo recibiría, de acuerdo con un funcionario de la cancillería estadounidense.

Trump no disimuló su posición. El lunes, cuando Flávio todavía se negaba a reconocer la derrota y hablaba de anular el balotaje, dijo que la votación “parecía otra elección amañada” , aunque aclaró que no había tomado partido. Ya el miércoles, de regreso de un acto de campaña en Texas, se mostró un favor de su llegada, definió a la familia como “buena gente” y calificó los comicios de “muy extraños” .

No se presentarán pruebas. La OEA y gobiernos de todo el mundo avalaron el resultado, y hasta el Partido Liberal de Bolsonaro lo reconoció. Los registros de las urnas del Tribunal Superior Electoral (TSE), el organismo que organiza y fiscaliza las elecciones en Brasil, tampoco respaldan la sospecha. Tras el horario original —la extensión fue el argumento preferido de los denunciantes— se registraron unos 35.000 votos: apenas un 0,03% del total, frente a una ventaja de más de 4,4 millones.

En el universo MAGA, el relato fue de rescate. Simón Levy , presentado por la prensa brasileña como aliado de Trump, atribuyó la operación al secretario de Estado, Marco Rubio, y sitios conservadores como RedState replicaron la versión: desde Estados Unidos, Flávio encabezaría la oposición a Lula. No hubo confirmación oficial del papel de Rubio.

La alfombra roja

Del lado demócrata, la reacción fue inmediata. La cuenta oficial de los demócratas del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara baja resumió la crítica en un posteo: no hay asilo para quienes escapan de la guerra en Sudán o del conflicto en Haití, pero Rubio le extiende la alfombra roja a Bolsonaro.

El texano Joaquín Castro fue más directo: “ Perder una elección no es motivo de asilo ”. Y exigió que el gobierno explique ante el Congreso qué papel tuvo en la salida de un senador investigado por corrupción , lavado de dinero y evasión de divisas , en contra de una orden judicial.

El contraste tiene un antecedente reciente. En agosto, el Departamento de Estado anunció que revocaría las visas de turismo y negocios de extranjeros que hubieran pedido asilo tras ingresar al país, y su vocero calificó esa práctica de fraude. Varios medios brasileños anticipan que Flávio buscaría justamente ese camino. Si lo toma, pondrá a prueba la coherencia de la política migratoria de Rubio.

Washington también recuerda 2023. Jair Bolsonaro voló a Orlando dos días antes de terminar su mandato y, tras el asalto a los tres poderes en Brasilia, 46 legisladores demócratas le pidieron a Joe Biden que revocara su visa. El Departamento de Estado de entonces evitó comentar el caso y recordó que quien entra con visa de jefe de Estado tiene 30 días para irse o regularizarse. Tres años después, es el propio gobierno el que expide la visa.

Brasil como espejo

La llegada de Flávio coincidió con el cierre de campaña para las elecciones legislativas del 3 de noviembre , y eso explica buena parte del ruido. La semana pasada, el Departamento de Justicia demandó de manera preventiva al estado de Alaska para impedir que certifique su elección al Senado si el republicano Dan Sullivan pierde por un margen estrecho. “ Yo fui el que dijo que lo hicieran ”, admitió Trump.

Ni Trump en 2020 ni Jair Bolsonaro en 2022 aceptaron sus derrotas. Leído desde aquí, un candidato que se negó a reconocer el resultado y un presidente que pone en duda la elección sin pruebas no son una rareza sudamericana. Se parece demasiado a lo que podría verse en este país dentro de una semana.

El exilio bolsonarista

En Miami, la noticia tuvo otro tono. Pasajeros brasileños que llegaron desde San Pablo el martes a la noche defendieron ante CBS Miami la decisión del senador. Una mujer dijo temer que Brasil termine como Venezuela, una frase que, en el sur de Florida, tierra de exilios cubanos y venezolanos, resuena distinta que en Brasilia.

Flávio se suma a una comunidad de conservadores brasileños instalados en Estados Unidos, comenzando por su hermano Eduardo, que vive en Texas desde el año pasado. En junio, la justicia brasileña lo condenó en ausencia a cuatro años de prisión por intentar interferir desde Washington en el juicio contra su padre, y ya pesa sobre él una orden de captura. También están el exjefe de inteligencia Alexandre Ramagem y el comentarista Paulo Figueiredo , que aseguraron que el senador está “ bien, a salvo y descansando con su familia ” y anunciaron una conferencia de prensa para el jueves en Miami.

Eduardo, de hecho, lo había anticipado este mes en el podcast de Steven Crowder: si su hermano perdía, estaba a favor de que se fuera del país.

¿Y la extradición?

En Brasilia, la pregunta es si puede reclamarlo. El tratado bilateral , firmado en 1961 y promulgado en Brasil en 1965, sólo admite las 34 figuras que enumeran: no aparecen el lavado ni la evasión de divisas, aunque sí el soborno y el peculado. Además, para un acusado sin condena exige una orden de detención. Hasta el miércoles no la había, aunque diputados del PT ya le pidieron a Moraes la prisión preventiva de Flávio.

El texto también deja en manos del país requerido decidir si un delito es político, y el entorno de Flávio ya habla de persecución. El precedente tampoco ayuda a Brasilia: Washington se negó a extraditar al bloguero Allan dos Santos, aunque por delitos de opinión que el tratado no contempla. Y el secretario de Estado que hoy le abre la puerta a Flávio es el mismo que en julio de 2025 le revocó la visa a Moraes, el juez que ahora le ordenó entregar los pasaportes.

Flávio Bolsonaro durante una sesión en el Senado de Brasil
Flávio Bolsonaro durante una sesión en el Senado de Brasil | Crédito: AFP

Lula, que el martes cumplió 81 años, resumió su lectura con una frase: para los Bolsonaro, Brasil es el segundo país y Estados Unidos, el primero. El mandato de Flávio como senador vence el 31 de enero de 2027 , y con él, su fuero ante el Supremo. Por ahora, el sur de Florida es su base y Washington, su escudo. Cuánto le costará esa protección al gobierno de Trump dependerá, en parte, de quién controle el Congreso después del 3 de noviembre.

fuente: perfil

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