Los alquileres y los servicios públicos regulados por el Gobierno más que duplicaron su valor, seguidos por los rubros de comunicaciones y educación.
En el marco de la dinámica inflacionaria de los últimos dos años (más baja que en períodos previos a pesar de la aceleración en los últimos meses de 2025), se produjo una fuerte modificación en los precios relativos. Los alquileres y los servicios públicos regulados por el Gobierno más que duplicaron su valor, seguidos por los rubros de comunicaciones y educación, lo que consolidó un marcado encarecimiento de los servicios.
En menor medida, también se registraron subas en transporte y salud. En sentido contrario, los alimentos y bebidas sin alcohol, así como las prendas de vestir, mostraron un abaratamiento relativo. Este patrón sugiere que la dinámica inflacionaria reciente está siendo traccionada, en buena medida, por decisiones oficiales sobre precios regulados.
La inflación se aceleró en diciembre, marcó un 2,8 por ciento según las cifras oficiales de Indec, el dato más elevado desde abril de 2025, que había sido un mes de mucha incertidumbre financiera en las vísperas de firmar un nuevo acuerdo con el FMI y el levantamiento del “cepo” cambiario.
Diciembre acusó un aceleración en la inflación de bienes (2,6 por ciento en el mes) pero especialmente de servicios (3,4 por ciento), destacándose la división de Transporte y de Comunicación con alzas del 4 y 3,3 por ciento respectivamente. Sobresalieron las subas en los combustibles y en el transporte público (del 6 y 6,9 por ciento en el mes) y los servicios de telefonía e internet en cada caso.
Esta tendencia –la aceleración especialmente en servicios- viene ocurriendo desde inicio de la gestión del gobierno de Javier Milei. Y también se verifica si el punto de comparación es más largo, por ejemplo el 2017 –período que suele compararse con los precios de 2025 por ser el inmediatamente anterior con inflación baja-. La inflación en 2025 cerró en 31,5 por ciento, de modo que es preciso remontarse hasta 2017 para encontrar una variación menor en los precios, cuando anotó 24,8 por ciento.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) analizó la evolución de los distintos componentes del IPC en los últimos ocho años y detectó un marcado encarecimiento relativo de los servicios —alquileres, tarifas de servicios públicos, comunicaciones, transporte y salud— frente a los bienes, como alimentos, bebidas o indumentaria. Este cambio en los precios relativos reconfigura la estructura del gasto de los hogares y presiona con mayor fuerza sobre los ingresos, en especial en los sectores medios y bajos.
El componente integrado por alquileres y servicios públicos de energía registró en diciembre de 2023 su precio relativo mínimo, cayendo prácticamente a la mitad en relación a diciembre de 2017. Desde entonces, en los últimos dos años subió un 72 por ciento, relata el informe. Es un salto enorme para solo dos años y refleja el efecto de la quita de subsidios y los ajustes tarifarios que instrumentó el gobierno nacional y que perjudicaron especialmente a la clase media. De cara hacia adelante, es dable esperar que esta tendencia se mantenga: se esperan nuevos ajustes tarifarios en enero y el oficialismo no buscará regular el precio de los alquileres.
La situación en el caso de los servicios públicos es crítica: las facturas de luz y gas subieron 339 y 709 por ciento en los últimos dos años del gobierno de Javier Milei, pero los aumentos no se detienen. En enero subirán entre un 20 y 36 por ciento –dependiendo de los consumos- en el caso de la energía eléctrica y entre 10 y 54 por ciento para el caso del gas, según información oficial. Nada más caro en Argentina hoy día que mantener los servicios básicos para la vivienda y el transporte personal.
Siguiendo con el informe del Iaraf, el rubro de las comunicaciones tuvo un comportamiento similar. En diciembre de 2023 registró su precio relativo mínimo, un 37 por ciento menor al de diciembre de 2017, para subir entre 2023 y 2025 un 35 por ciento. Otro encarecimiento relativo de magnitud, en un segmento sensible para el consumo cotidiano de las personas: la telefonía e internet son esenciales en los tiempos que corren.
Asimismo, el precio relativo que más aumentó en los últimos dos años fue el de restaurantes y hoteles. Hoy es un 25 por ciento más caro relativamente que en 2017. Los costos que enfrenta la gastronomía explican en buena medida la suba de precios, dado que por el contrario la demanda ha tendido a caer o estancarse.
En el otro extremo, siguiendo con el informe del Iaraf, las bebidas alcohólicas son el componente que más se abarató relativamente en los últimos ocho años. Hoy son un 25 por ciento más baratas relativamente a su consumo en 2017. En tanto los alimentos y bebidas no alcohólicas se abarataron un 10 por ciento respecto de los niveles de diciembre de 2023, aunque siguen 10 por ciento arriba versus 2017.



