El presidente estadounidense dijo que enviará el portaviones USS Abraham Lincoln a la costa cubana, aunque aclaró que será después de resolver el conflicto con Irán. Sostuvo que cuenta con un plan de “rendición por presencia”, argumentando que el poderío militar estadounidense será suficiente para forzar el cambio del gobierno comunista.
En una serie de declaraciones que despertaron alarma en Latinoamérica, el presidente estadounidense Donald Trump intensificó su retórica contra el gobierno de Cuba al afirmar que es inminente la toma de la isla por parte de Washington. Y vinculó esa acción con el despliegue de activos navales que actualmente regresan de las operaciones militares en Oriente Medio, como el poderoso portaaviones USS Abraham Lincoln.
Sus palabras provocaron la inmediata reacción del gobierno cubano. El presidente Miguel Díaz Canel dijo que en esta ocasión las amenazas de Trump alcanzaron un “nivel peligroso y sin precedentes”, al tiempo que hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que responda.
Las declaraciones de Trump se produjeron durante una cena de recaudación de fondos celebrada este viernes en Florida. El mandatario republicano sorprendió a los presentes al remarcar que EE.UU. “tomaría el control” de la isla caribeña “casi de inmediato”.
Es más, detalló que tienen un plan de “rendición por presencia”. Según el mandatario, el poderío militar estadounidense será suficiente para forzar un cambio de régimen sin necesidad de un conflicto prolongado.
“De regreso de Irán, tendremos a uno de nuestros grandes, tal vez el portaaviones USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo; haremos que entre y se detenga a unos 100 metros de la costa”, afirmó Trump ante una audiencia de seguidores en el Forum Club de Palm Beaches.
El presidente vaticinó que la sola visión de la flota estadounidense en el litoral cubano provocará el colapso del gobierno actual: “Ellos dirán ‘muchas gracias, nos rendimos’”. “Me gusta terminar un trabajo”, agregó, reafirmando su postura de que Cuba es el “siguiente paso” tras las operaciones contra Teherán.
La inteligencia naval estadounidense ya ha sido detectada realizando misiones de reconocimiento con drones MQ-4C Triton cerca del espacio aéreo cubano, lo que sugiere que la logística para lo que Trump llama “la toma” ya está en marcha.
“El presidente de Estados Unidos está intensificando sus amenazas de agresión militar contra Cuba a un nivel peligroso y sin precedentes. Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará la rendición en Cuba”, escribió Díaz-Canel en una publicación en X.
Un país al límite. Estas amenazas no ocurren en el vacío. Desde principios de 2026, la administración Trump aplicó una política de “máxima presión” que incluyó un bloqueo petrolero casi total. Cuba atraviesa una crisis humanitaria y energética sin precedentes, con apagones nacionales recurrentes y una parálisis casi total de su economía.
Trump ha utilizado esta debilidad como argumento para justificar lo que él denomina una misión de “liberación”: “Tomar Cuba, eso sería un gran honor. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella… es una nación muy debilitada en estos momentos. No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada”, sostuvo el mandatario el mes pasado.
La estrategia de Trump parece ir más allá de la simple intervención militar. El presidente ha comenzado a moldear el futuro político de la isla, mencionando incluso a su secretario de Estado, Marco Rubio, como una figura clave en la transición.
En eventos recientes del Turning Point USA -un grupo de ultraderecha que difunde valores conservadores en el ámbito universitario-, Trump calificó la situación como un “Nuevo Amanecer para Cuba”, una promesa de libertad tras 70 años de lo que describe como un “régimen fracasado”.
Sanciones extremas. El viernes Trump firmó una orden ejecutiva imponiendo nuevas sanciones destinadas a “asfixiar” cualquier ingreso restante del gobierno cubano, argumentando que es una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.
Comprende sanciones a los bancos extranjeros que trabajan con el gobierno de La Habana y endurece las normas migratorias. También se sancionará a personas involucradas en los sectores de la energía y la minería, y a cualquiera que esté involucrado en “abusos de derechos humanos”.
Cuba denunció que las nuevas sanciones son “ilegales” y “abusivas”. “El gobierno de EE.UU. se alarma y responde con nuevas medidas coercitivas unilaterales ilegales y abusivas contra Cuba”, escribió en X el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez.
Mientras la Casa Blanca mantiene que el objetivo es la democratización, críticos y organismos internacionales advierten sobre las violaciones al derecho internacional que supondría un bloqueo naval o una intervención directa.
Sin embargo, Trump desestimó estas preocupaciones, enfocándose en el valor estratégico y estético de la isla: “Tienen buena tierra. Tienen paisajes bonitos. Es una isla hermosa”, comentó, mencionando que sus amigos cubanos en Miami han sido los principales impulsores de esta línea dura.
El escenario para mayo de 2026 es de una incertidumbre total. Con un portaaviones de la clase Nimitz navegando hacia el Caribe y una población cubana sumida en la oscuridad por la falta de combustible, la retórica de Trump ha pasado de las sanciones económicas a la posibilidad real de una acción militar directa.
fuente: Perfil



