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miércoles, enero 19, 2022

Venezuela, petroestado fallido

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El petróleo es considerado uno de los productos más valiosos en el mercado internacional, porque es el motor energético, químico e industrial de las economías.

Los países que poseen el crudo y basan su economía en la producción y comercialización del mismo se denominan petroestados y además de las características económicas también comparten otros rasgos políticos.

El clientelismo

Los petroestados forjan una relación clientelar con la sociedad, porque el Estado es quien administra y distribuye la renta.

En esta medida, mientras haya ingresos suficientes se puede garantizar la estabilidad económica y política, pero ante cuadros económicos adversos es más probable que se experimenten períodos de inestabilidad.

Venezuela es un caso importante para el estudio de petroestados porque en un rango de 70 años la renta petrolera lo ha posicionado como uno de los países más exitosos de la región, pero también como una de las economías más desfavorables de Latinoamérica.

Esto no quiere decir que la crisis actual se deba al fluctuante ingreso de la renta petrolera, pues de ser así todos los demás petroestados estarían en la misma posición.

El cuadro del deterioro económico actual en Venezuela es el resultado de una serie de transformaciones que fueron adoptadas en las dos últimas décadas y una coyuntura internacional que se dio en el 2014 por la caída de los precios del petróleo.

Una de las características esenciales de los petroestados es su alta dependencia del petróleo, lo que los hace vulnerables frente a cualquier fluctuación que el recurso pueda presentar.

Como legítimos dueños del subsuelo, los Estados son los encargados de administrar y distribuir la renta petrolera, lo que promueve una relación de carácter paternalista con la sociedad.

Venezuela, como petroestado, desarrolló su economía con base en el petróleo y cristalizó una relación paternalista con la sociedad al distribuir la renta y proveer bienes políticos.

Esta dinámica se exacerbó aún más con la llegada de la Revolución Bolivariana, pues el proyecto político partió de la premisa de equidad social. Sin embargo, el funcionamiento de la industria petrolera sí fue desconfigurado por el régimen bolivariano, pues eliminó la independencia técnica, operacional y financiera de la que la estatal petrolera gozaba anteriormente. Ello, con el fin de proveer de recursos materiales directos al proyecto político, al tiempo que se legitimaba por medio del discurso de nacionalismo petrolero.

La politización y cooptación de PDVSA por parte del régimen Chávez y Maduro aumentaron el gasto público, al tiempo que redujeron los ingresos por medio del deterioro operativo. Los proyectos sociales que PDVSA financiaba llegaron a ser el doble que las inversiones petroleras, lo que alteró la productividad y la eficiencia de la empresa.

La literatura indica que el gasto social, más allá de buscar la igualdad entre la sociedad, fue empleado como mecanismo político con el fin de legitimar y fortalecer el gobierno bolivariano. El punto de quiebre ocurre en el 2014, cuando la relación paternalista entre Estado y sociedad se vio alterada por el desplome de los precios del petróleo que la industria no pudo soportar.

El adverso cuadro económico destapó y magnificó las falencias de un modelo que tiene capacidad limitada de producción y capacidad limitada de proveer bienes políticos, lo que nos permite concluir que Venezuela es un petroestado fallido.

La caída

Un petroestado fallido depende altamente del petróleo, al mismo tiempo que su industria petrolera tiene bajas capacidades de producción. En 2011 las exportaciones en porcentaje del PIB pasaron de 67% a 85% y durante estos últimos años ha mantenido una tendencia creciente (Banco Mundial 2018).

En el 2017 se presentó la tasa de producción más baja en las últimas tres décadas con 2,2 millones de barriles diarios (mb/d), sin embargo en el 2019 esta cifra fue aún menor, pues en septiembre la producción llegó a 644 mil barriles diarios (kb/d) (IEA 2017).

Entonces, la producción del 2019 representa una séptima parte de la producción de 1976. La baja diversificación de la industria venezolana en sectores distintos al petrolero y la pérdida de capacidad productiva de la estatal petrolera han generado consecuencias sociales nefastas, pues el Estado ya no tiene capacidad para proveer la mayoría de bienes políticos.

El déficit en el suministro y cobertura sugiere que Venezuela es un Estado fallido: las consecuencias son pérdida de control territorial, aumento de la criminalidad, baja legitimidad, debilidad institucional, baja calidad de los servicios públicos, bajos índices de democracia, infraestructura deteriorada o desconectada, indicadores económicos no esperados, economía cerrada, oportunidad económica desigual y corrupción a escalas destructivas

A raíz de todas las falencias sociales, económicas y políticas la población de los Estados fallidos tiende a migrar de forma masiva en busca de mejores condiciones de vida.

En este caso, la violencia, la inseguridad y la deficiente o inexistente prestación de bienes y servicios son los principales factores que han forzado a los venezolanos a buscar otros destinos para radicarse.

En la actualidad hay alrededor de 4,7 millones de venezolanos refugiados, dentro de los cuales 2,7 millones han migrado desde el año 2015 (Acnur, 2019). Es decir, el 57% de las personas que han salido de Venezuela lo han hecho entre el 2015 y el 2019.

El éxodo más grande que se ha registrado en la región y que tiene implicaciones sin precedentes tanto para Venezuela como para los países vecinos.

Fragmento de una investigación académica de grado desarrollada por Maria del Mar Chaustre Virgüez en la carrera de Ciencia Política publicada por la Universidad de los Andes (Colombia)

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